LECCIONES DEL DESPERTAMIENTO EN GALES
Por G. Campbell Morgan, D. D.
Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos Af vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños, 11 de cierto sobre mis siervos ,y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. (Hechos 2:15-18).
No propongo estas palabras como texto, sino como una introducción a lo que yo deseo decir sobre las manifestaciones más recientes del poder pentecostal. Me refiero a la magna obra de Dios que hoy se admira en Gales; y confío de que no sea la mera curiosidad que os haga desear oír de esta obra porque yo no hablo con el fin de satisfacer la curiosidad. Quiero, ahora hablaros de la manera más sencilla de lo que mis ojos han visto, mis oídos han oído y mi corazón sentido. Esto lo hago para que preguntemos en seguida cuales son las lecciones que Dios nos quisiere enseñar en este día de su visitación.
Sin embargo no puedo menos que hacer referencia, antes de seguir adelante, al pasaje que acabo de leer. Pedro se puso en pie en medio de una de las escenas maravillosas que ha presenciado el mundo. Cuando los hombres dijeron de esta exaltada multitud que estaban borrachos, Pedro dijo: "No, estos hombres no están borrachos como pensáis": Pero "esto es aquello que fue hablado por el profeta Joel". Si alguien me dijere: "¿Qué piensas de este avivamiento en Gales? Yo le respondería: "Esto es aquello". Es la continuación de pentecostés y lo digo sin titubear un momento. Quiero hablaros de la cosa como la he visto; tal como si os estuviera conversando en mí casa.
Fui a Gardiff el lunes, llegando a las ocho y media de la tarde, y con un amigo fui a una reunión. Ya había durado hora y media cuando llegamos, quedamos dos hora y media y nos retiramos, y la reunión seguía su curso. Era una noche maravillosa, enteramente sin orden, y sin embargo dominada desde el principio hasta el fin por el orden del Espíritu de Dios.
Pasé todo el día martes en Clydach Vale, ocupando ocho horas en las mismas reuniones y el resto del tiempo en la compañía de Evans Roberts. Llegando por la mañana a la aldea todo estaba tranquilo y caminamos hacia un grupo de capillas. Todo estaba tan silencioso que teníamos que preguntar donde estaba la reunión. Un joven, señalando una capilla dijo, "Allí". No había afuera ni una sola persona. Con dificultad pudimos entrar por la muchedumbre que llenaba todo el recinto. ¿En qué estaban ocupados? Es imposible decir con claridad: Basta decir que en aquel servicio había cánticos, oraciones y testimonios, pero nada de predicación. Era una reunión de orden y desorden. Me preguntas "¿cómo puede ser así?". No sé. Las dos cosas existían. Si unque estaban apiñados como sardinas, ¡qué caras! Al parecer eran, en su gran mayoría, mineros del carbón. Pero sus rostros brillaban con una luz celestial. Hombres grandes, toscos, magníficos, por la naturaleza, pero la naturaleza había permanecido dormida mucho tiempo. Ahora se despertó, al mirar los rostros reconocía que los hombres no me miraban a mí, ni a Evan Roberts, sino al rostro de Dios. Nos retiramos a las 10:30 horas, pero la reunión continuó, con toda la apretura de gente, hasta el alba del otro día, con cánticos, oraciones, testimonios, conversiones, confesiones de pecado de parte de miembros de la Iglesia, el abandono del pecado, y, con todo esto, no hubo director humano, nadie que les indicara qué cosa hacer enseguida, nadie impidiendo el movimiento espontáneo.
Hablaré unas palabras de Evan Roberts. Apenas es más que niño: sencillo, natural, no es orador, ni quien domina a los hombres. ¿Qué relación tiene él, pues, a esta gran obra? Es el comprobante del hecho de que no hay dirección ni organización humana en este grande movimiento. La sustancia de lo que él dice es: No es de hombre, no me esperéis, depended de Dios, obedeced al Espíritu. Pero siempre que esté movido a hacerlo, habla bajo la dirección del Espíritu. Su obra no es tanto el apelar a los hombres, como el formar una atmósfera de obediencia, llamando a los hombres a seguirla dirección del Espíritu en todo lo que el Espíritu les indique. No titubeo en decir que Dios ha puesto su mano sobre aquel joven, hermoso en su sencillez, ungido en su devoción, por mucho que carezca de todas las cualidades que esperamos en los predicadores y jefes entre los hombres. Dios le ha colocado de frente de este movimiento para que el mundo vea que es verdad, que Él escoge las cosas que no son para anonadar a las que son, las cosas débiles para avergonzar a las fuertes, a un hombre falto de esenciales para que sea grande, para que por Él en sencillez y poder El pueda llevar adelante su triunfo.
Notemos algunos distintivos del movimiento. Hasta donde yo he podido informarme no hay predicación, ni orden, ni himnarios, ni coros, ni pensad de esto por un momento. Pensad de todo nuestro trabajo.
No digo que son malas estas cosas. Sólo quiero que contempléis lo que Dios está haciendo. Allí estaban los órganos, pero callados; los ministros, pero entre medio del pueblo regocijándose y hablando como lo demás, pero no hubo predicación. Sin embargo el avivamiento es un avivamiento de la predicación en Gales. Todos están predicando. No hay orden, y no obstante, progresa de día en día, de semana en semana, de condado a condado con una exactitud militar. ¡Y cómo cantan! Estos galenses cantan los himnos como quienes los creen. Ellos se abandonan a su cantar; nosotros cantamos como quienes creen que muestra falta de educación el cantar para ser oído por su vecino más cercano. ¿Dije que no había coro? Era todo coro. Quedé admirado en esa noche al ver cómo esa inmensa congregación cantaba himno tras himnos, e himnos, largos, sin himnario. ¿No veis? La Escuela Dominical está cosechando ahora. El culto familiar está cosechando ahora. La enseñanza de himnos y la Biblia entre la gente está cosechando ahora. Los diarios nos hablaron del asunto hasta que el fuego se había extendido, y una cosa notable es que muchos se han convertido con sólo leer las noticias de la obra en los diarios.
¿Cuál es el origen de este avivamiento? Dejemos de buscarlo. Por lo menos, no está en ningún hombre. Por todo el país ha habido un resto de cristianos que han suplicado y agonizado, por decirlo así, sobre la condición de religión en su derredor, y es en respuesta a estas oraciones que ha venido el fuego. Si pudiéramos tener la visión y estar arriba mirando a Gales, veríamos el fuego reventando en todas partes, aquí, y allí, conforme a su divina voluntad y no conforme a ningún arreglo o convenio humano. Es una manifestación divina en la que, y lo digo con reverencia, en la que Dios nos está diciendo: Contempladlo que Yo puedo hacer sin ninguna de las cosas de que vosotros dependéis; demás, contemplad lo que Yo puedo hacer en respuesta a las oraciones de mi pueblo; contemplad lo que Yo puedo hacer con el hombre más sencillo que se apronta para obedecerme y depender absolutamente de Mí.
Otra cosa. Esta obra comenzó en las Iglesias y entre los miembros de las Iglesias. En cuanto toca a uno que está fuera de la Iglesia, hace de él inmediatamente un miembro de la Iglesia. No tengo confianza en ningún movimiento que desprecia la Iglesia de Cristo. En el espacio de cinco semanas como 20.000 se han unido con las Iglesias. Más han sido convertidos.
El efecto que produce sobre los hombres es que todos los cristianos se están volviendo evangelistas; todos van en busca de sus amigos para que se salven. He aquí unos casos: Un hombre, miembro de la Iglesia, era presidente de una clase atlética, y a un amigo una noche expresó el deseo que se convirtieran los jóvenes. Durante la reunión dejó a su amigo y fue a hablar a un joven. Otro rato estaba con otro; y así sucesivamente. En esa una reunión todos los dieciocho jóvenes se convirtieron al Señor. Ese hombre había sido presidente de ellos por mucho tiempo, pero no había obedecido a la voz del Espíritu antes.
Otro caso: El amigo con quien alojaba me contó de sí mismo. Sentado en su escritorio un día le vino una convicción de que debía ir y hablar con un hombre con quien había tratado en el comercio por muchos años. Salió y fue en la Bolsa, donde halló su amigo. Se acercó y le saludó. El hombre le preguntó: "¿Qué piensa usted de este avivamiento?". Mi amigo dijo: "¿Cómo está su propia alma?".
El hombre le respondió: "Anoche como a las 12, sin saber por qué, me sentí obligado a levantarme de la cama y entregarme a Jesucristo, y estaba con muchos deseos que alguien me viniera a conversar". Si esto es emoción, entonces Dios nos de más. He aquí, un hombre, dueño de buques, dejando su escritorio en horas de comercio para preguntar a un hombre acerca de su alma.
Un día abajo en una mina, un minero estaba caminando de una parte a otra, cuando vino a una encrucijada donde vio parado uno de los principales oficiales de las minas. El oficial le dijo: "Santiago, le estoy esperando aquí por dos horas". "¿Sí? ¿Qué es lo que desea, señor?". Quiero ser salvo, Santiago. "Bueno, hinquémonos aquí mismo", y allí, abajo en la tierra, el oficial, dirigido por el minero, se entregó al Señor. Al pararse el oficial dijo: "Cuéntalo a todos, Santiago, que estoy convertido".
¿Hay algunas lecciones para nosotros? Me parece que la primera es, que nos preparemos por la oración para lo que Dios quiere hacer por nosotros.
No pensemos en imitar lo que está pasando allí. Ningún hombre hizo lo que se está haciendo. Descubramos los principios fundamentales. Estad atentos al Espíritu, confesemos a Cristo, estad absolutamente obedientes a Él en todo.
La Iglesia necesita tres cosas
Primero, tiene que quitar las piedras de obstáculo para que Dios obre. ¿Qué cosa? No sé. Esa costumbre que contrista al Espíritu; esa manera de negociar al Espíritu; esa manera de negociar que no es limpia; ese corazón que no quiere perdonar al prójimo. Oh, no hay por qué preguntarme; vosotros sabéis. Estorban a Dios. Tiene que quitarlas. Cualquiera cosa en la vida personal o social, organizaciones y sociedades que distraen, todo lo que impide que Dios haga su voluntad en vuestro corazón, todo tiene que ser quitado.
Segundo, tenemos que esperar en Dios, en constante ferviente oración; en reunión, y especialmente solo, en secreto; orad, sintiendo el peso de tanto pecado que os rodea.
Tercero, preparados por aquella oración, estemos listos para dar pasos adelante cuando y como É11 nos enseñe el camino.
No hay nada tan importante como la salvación de los hombres. Cuando la Iglesia reconozca esto y se prepare para esto, Dios vendrá.
¡Oh! ¿Estamos listos, estamos listos?
¡QUÉ RESPONSABILIDAD!
Se nota un interés muy extendido sobre la religión. Hay grandes avivamientos en diferentes partes. Por esto tíos regocijamos grandemente.
¿Qué significa esto? ¿Será el resúltalo de la voluntad caprichosa de parte de Dios? ¿O, será porque el pueblo de Dios está aplicándose a la obra de los hombres? La verdad, conforme a los informes recibidos, es que es fruto de la actividad de las Iglesias en esa dirección.
Nuestro pensamiento es: Si la Iglesia, poniendo su corazón y su atención en estas cosas, puede conseguir resultados semejantes, nos parece que, después de Dios, la salvación de nuestra ciudad está en la manos de la Iglesia, y cuando quiera y donde quiera que la Iglesia de Dios se vuelve a Dios en humillación y oración y trabajo, Dios visitará aquel pueblo o aquella Iglesia con abundancia de gracia.
¡Cuán grande, pues, es la responsabilidad de la Iglesia de Jesucristo!
Traducido por Pastor W. C. Hoover. (Chile Pentecostal N° 5 y 6 enero y febrero de 1910).
(Extraído Revista “Fuego de Pentecostés”, noviembre del 2005)